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Influido en parte por el "povera",
y en parte por el dadaísmo, sus trabajos parecen
nacer de la necesidad de redescubrir las posibilidades
sensitivas de algunos materiales (como ese caucho
y ese vidrio que forman parte de algunos de nuestros
desechos) para crear, a veces mediante el azar,
unas piezas que puedan suscitar la reflexión del
espectador. No significa esto que Rom persiga
una lectura determinada (equivocadamente, se le
ha encontrado una pulsión ecologista), sino simplemente
conturbar el proceso de percepción y conseguir,
así, una deducción que puede ser tanto una idea
como su contraria. Preocupado por la naturaleza
de sus superficies, donde el caucho tiene muchas
veces el valor de epidermis a la que el hombre
ha recurrido para afirmar su deseo de perpetuación
(como en todos los plásticos, por otro lado),
trata de construir sentido. "La posibilidad de
construir sentido", escribía en uno de sus catálogos,
"se encuentra muy a menudo no en el centro de
lo que se nos propone, sino en los márgenes, en
el límite entre el objeto y el mundo, en el lugar
donde se produce un hundimiento de lo visual"..
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