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En las instalaciones que Miquel
Navarro hacía de ciudades mentales e ideales,
la horizontalidad generalizada era rota por unas
altas edificaciones que, amén de su impronta jerárquica,
poseían un carácter más acentuado que las restantes
piezas de lo totémico. Esas torres, verdaderos
guerreros controladores de aquel orden urbanístico,
finalmente se individualizaron, como en el caso
de "Testa", y afrontaron el reto de una mayor
síntesis, al tener que concentrar Navarro todo
su universo en una sola pieza. Cuando, además,
la escultura estaba destinada a cumplir una función
de indicador urbano, por su presencia en un espacio
abierto, a la mezcla irónica de su legado visual
(los constructivistas, Julio González, De Chirico,
etc), el artista tuvo que sumar la aproxima-ción
al tratamiento histórico de la tradición escultórica,
donde Grecia y Roma se convertían en el referente
obligado.
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