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El muralismo geométrico español
tuvo bastante desarrollo desde finales de los
años sesenta y en buena parte de él, como en esta
obra de Bono, se recurrió a los azulejos de cerámica
para su elaboración. Conscientemente en unos casos,
y por moda en otros, esta vertiente artística
se hacía eco de los presupuestos del arte objetivo
que algunos reclamaban para hacer frente a un
subjetivismo "basado en impulsos predominantemente
intuitivos". Esta clase de muralismo coordinaba
el proceso artístico con lo industrial, no sólo
en la elección de los materiales, sino en la de
las formas. En esa búsqueda de la elementariedad,
el mural cumplía la función democratizadora de
sensibilizar a un alto número de espectadores
mediante una estética que, en su "asepsia" y en
su alusión a materiales comunes en la contemporaneidad
(aquí la cerámica vidriada), pudiese encontrar
un amplio consenso del gusto..
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