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En 1984, Eusebio Sempere hablaba
de su actividad como escultor en los siguientes
términos: "Mi escultura es consecuencia directísima
de mi pintura, sólo que en otras dimensiones y
con otro material. Por lo tanto, lo que es luz
en mis pinturas -espacio bidimensional- en las
esculturas es tensión de materiales en un espacio
tridimensional. El movimiento insinuado del cuadro
se transforma en movimiento real en el otro espacio
de la escultura. Las esculturas son las consecuencias
últimas de las pinturas. Así podríamos seguir
a partir de los condicionamientos de un espacio
bidimensional sobre otro tridimensional". Y, en
efecto, esta pieza es una muestra harto elocuente
de esa explicación. Sempere, convencido muy pronto
de que el arte del porvenir debía correr en paralelo
a la tendencia cinética, demostró siempre una
preocupación por el movimiento y las búsquedas
espaciales que le ayudara a romper el estatismo
del cuadro. En ese empeño, aplicó muchos de los
descubrimientos de la técnica y la mecánica contemporáneas
a una pintura con cuya falta de dinamismo estaba
en litigio. .
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