|
En sucesivas ocasiones, Galdeano
ha manifestado que su obra no encerraba significado
alguno y que, por lo tanto, no debía ser enjuiciada
más que como una plasmación espontánea y anónima
del estado anímico de alguien que trataba de combinar
armónicamente forma y color. Los cinco murales
de la Estación de Zaragoza responden a su primera
etapa, aquella que él mismo ha considerado siempre
más barroca, formal y cromáticamente, y dirigida
hacia la abstracción. Al valor pictórico de sus
piezas de aquel momento, unía entonces Galdeano
una confrontación de texturas muy diversas para
que sus relieves fuesen tremendamente vivos y
dinámicos.
|