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En 1986, a raíz de su segunda
exposición en la galería Comicos de Lisboa, Cristina
Iglesias escribía: "El color, el hueco, una placa
de acero, una viga, el plano de la pared, constituyen
el lado de una esquina, una elevación; son elementos
figurativos, y también aquello que, a un mismo
tiempo encubierto, se perfila y concreta". En
esa sensibilidad para apreciar el lenguaje pictórico
del entorno arquitectónico está una de las claves
de la poética (definida por un crítico como "una
nebulosa de sueños y signos") que recorre todos
los trabajos de esta joven escultora. Esta misma
pieza, tan desinhibida formalmente, tan "minimal",
que rehuye el aislamiento espacial para buscar
el calor del suelo y de la pared, es un buen ejemplo
de la capacidad de Cristina Iglesias para extraer
el aspecto más sutil y delicado de una mezcla
de materiales tan árida, tan constructiva, como
son la arena, el cemento (aplicado con paleta,
de igual modo que lo haría un albañil) y el hierro..
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