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El grado casi "minimalista" al
que ha llegado Jesús Rodríguez en su empleo del
color en un estado puro nace de su interés hacia
los códigos de representación más primitivos.
De aquel arte que estaba emparentado con los jeroglíficos,
hemos ido perdiendo su significado preciso y hoy,
al margen de unos pocos especialistas, esos símbolos
no son más que la marca o el recuerdo de una impronta.
Sin ser propiamente escultura (los trabajos de
Rodríguez hace mucho que nos han sido presentados
sobre madera y metales), aunque hoy exista una
corriente dentro de esta vertiente artística que
parece buscar la bidimensionalidad, su condición
totémica puede abrirles un hueco especial en esta
publicación..
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