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La importancia de Joan Manuel
Llácer dentro del ámbito de la cerámica reside
en sus esfuerzos por liberarla de algunas de sus
limitaciones, para hacerla dialogar con el espacio
desde una perspectiva más propia de las inquietudes
escultóricas contemporáneas. Para esa espacialidad
de la cerámica, que potencia su capacidad expresiva,
le ha resultado fundamental la maleabilidad orgánica
del barro, que es el material que mejor simboliza
la vida, sobre el que actúa dando rienda suelta
a su visceralidad, machacándolo y deformándolo,
hasta límites de naturalidad y sencillez extremos,
para luego fusionarlo con otros elementos materiales.
Esos elementos son aquí unas varillas de hierro,
que dotan de una proyección nueva a los cuerpos
cerámicos y al espacio en que estos se inscriben,
al tiempo que establecen un diálogo de honda poesía..
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