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A propósito de la instalación
de una de sus piezas en la villa de Alquézar,
Javier Sauras escribía: "Me interesa ese lugar,
aunque primitivo, sutil, donde confluyen escultura
y arquitectura, cuando no son una cosa ni otra,
sino forma germinal, potencia estética, alma común
de todo el volumen y el espacio plásticos". Él
ha plasmado ese lugar de confluencia en la tensión
entre sus dos repertorios formales: el orgánico
y el geométrico. Su "Roble del Cierzo", que nace
de la contemplación poética de una forma orgánica
de la naturaleza, lo resuelve mediante formas
relacionadas con la experiencia de la vanguardia
constructiva. Pero en ese proceso respeta escrupulosamente
las maderas de las que se sirve y las hace, en
su ensamblamiento, depositarias de sus experiencias
físicas y de sus emociones.
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