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El respeto de Ramón Villa hacia
la trilogía que ordena los criterios informalistas
-materia, color y signos- ha alcanzado por igual
a sus pinturas (entre las que aparecen, ese mismo
año de 1989, personajes como los aquí representados)
y a sus esculturas. La vocación matérica de su
obra descansa en esas piedras de formas muy vagamente
antropomórficas que, en su simplicidad, parecen
poseer alguna influencia "minimalista" y a las
que Villa dispone, también como en algunos cuadros
de esa misma etapa, con cierta simetría. El aspecto
sígnico viene dado por las marcas en las piedras
y, muy especialmente, por las tres barras de hierro
en paralelo (metáfora muy usada, junto a los círculos,
las escaleras y las líneas en zig-zag, en la obra
de este artista), que siempre guardan relación
simbólica con la idea de comunicación.
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