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En los años ochenta, en la pintura
de Víctor Mira estuvo presente la representación
de una "Naturaleza Muerta" que mantuvo hasta considerar,
como acostumbra, que estaba agotada por el momento.
Con esa violencia de su pincelada, que responde
a la de su pensamiento, Mira volvía una y otra
vez a la presencia de una calavera sobre un plato
o sobre una mesa, que a menudo se estiraba, como
hecha de un material dúctil y blando, y se prolongaba
en el espacio, lo que recuerda los relojes dalinianos.
"Niego", escribía en uno de sus excelentes textos,
"que en mí exista vida alguna y me horroriza no
estar muerto y tener que sentir la repugnante
vida latir en mí como un animal antiguo". Esa
mirada indiferente sobre la muerte (en un lienzo
de 1983 explícitamente asociada a una España con
la que mantiene una relación de amor/odio) está
por igual relacionada con la tradición de la "vanitas"
en la pintura española
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