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Los que conocen la trayectoria
de Glòria Mas saben del juego conceptual que se
ha producido en sus actividades interdisciplinares.
Así, cuando ha pintado, ha tendido a representar
objetos de cerámica; cuando ha hecho cerámica,
la ha pintado; y cuando ha realizado esculturas,
ha hecho una síntesis de sus presupuestos pictóricos
y cerámicos. Mediante esa interacción, esta artista
mallorquina estaba, en unos y otros casos, hablando
de la huella del hombre en su relación con los
elementos más naturales, aunque fuera, como aquí,
desde una síntesis que guarda una estrecha relación
con el minimalismo. Sus mastodónticas esculturas,
en las que predomina el hierro, parecen los monumentos
megalíticos que una sociedad industrial hubiera
puesto en pie para explicitar su forma de relacionarse
laboralmente con la Naturaleza o, desde otro punto
de vista paralelo, las herramientas de las que
se hubiese servido un colectivo de gigantes. En
una u otra circunstancia, su presencia tiene algo
de mágico en relación a un quehacer cotidiano.
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