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La escultura francesa del siglo
XIX estuvo presidida por los criterios neoclasicistas
con mucha mayor fuerza que en la pintura, como
consecuencia indudable de la mayor presencia de
referentes escultóricos que pictóricos en el mundo
antiguo. Al mismo tiempo, y habida cuenta de una
clientela eminentemente burguesa, se despliega
un abanico temático en el que, como en este caso,
aparecen alegorías que incitan a los ciudadanos
a reflexionar sobre algunos de los principios
básicos de una sociedad que hunde sus raíces en
los fundamentos del Siglo de las Luces. Este bronce
fue regalado por los empleados de la compañía
de ferrocarriles Madrid-Alicante a su director,
don Nathan Stoss.
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