|
Durante varias décadas, el informalismo,
presentado como la tendencia vanguardista por
excelencia, ejerció una verdadera dictadura dentro
de nuestro panorama artístico, a la que, contra
viento y marea, se resistieron algunas artistas
que consideraban que el legado realista, siempre
que no permaneciese adscrito a los postulados
más rancios y académicos, no tenía porque estar
periclitado.Francisco López Hernández, buen conocedor
de las estatuarias clásica y renacentista, era
de los que opinaban que los creadores con preocupaciones
humanistas debían dejar testimonio de nuestra
contemporaneidad reflejando con el mayor realismo
posible las personas de nuestro entorno. Si esa
traslación trascendía la mera reproducción del
modelo, mediante una cuidada depuración formal
y una emoción añadida, dicha obra podía tal vez
trascender lo inmediato y pervivir en el tiempo,
como lo han hecho las piezas de Donatello o de
Miguel Angel.
|