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Siempre ha concedido una gran
importancia en sus cuadros a los diseños utópicos.
De ahí que llevara adelante al filo de 1990 una
serie de proyectos sugeridos en unos dibujos comenzados
en 1984, como continuación de otra serie realizada
a mediados de los sesenta. Los bautizó como "ornamentales".
"Los muebles", explicaba, "nacieron para crear
una relación íntima con la persona que los usa
y el hecho de denominarlos muebles ornamentales
tiene que ver con la idea de ornamento inherente
a los elementos rituales, a esos objetos que usas
de un modo especial porque poseen un contenido,
no sólo una forma". Por tanto, no se acercaba
al diseño como a un arte efímero. Siempre ha tenido
vocación de permanencia en la memoria del espectador.
Su obra está guiada por la idea de perennidad,
de clasicidad y permanencia, y cuenta con un acentuado
carácter de objeto sagrado, de lugar de culto.
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