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Su propuesta general -de la que
"Fin de trayecto" formaba parte- venía tanto a
rechazar algunas de las propuestas internacionalistas
en boga como a suscitar, no sin cierto componente
nostálgico, una necesidad de encontrar un nuevo
universo de signos en objetos previamente desestimados,
en los que se apreciaba un valor añadido de lo
territorial. Se emparentaba, así, con una corriente
objetual de otros jóvenes escultores en cuyas
estructuras se adivinaba un afán de sesgo antropológico
que parecía reclamar para un arte cada vez más
despersonalizado todas aquellas huellas de vida
en las que se podía seguir el devenir del espíritu.
En esa especie de afición "africanista" que invadió
a muchos de estos escultores, una pieza como "Fin
de trayecto" encajaría dentro de cierto afán ritual
de la reconstrucción.
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