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Es «Fase III» una pieza en la
que las tensiones desbordan la evidente dialéctica
de contrastes entre el gres blanco y el hierro
(el primero, como portador del principal significado;
el segundo, como sostén de una perseguida armonía)
para adentrarse en un territorio simbólico de
relaciones. Una de las claves para desentrañar
ese hermetismo nos la brinda en esta ocasión Carmen
Ugarte, así como a menudo lo ha hecho con la grafía
de signos universales, con la presencia de siete
incisiones sobre su caprichosa forma dentada.
El siete, en efecto, está aquí como ese referente
de la perfección aceptado por muchos órdenes mitológicos.
Pero, al mismo tiempo, y en la medida en que astrólogos
y alquimistas vieron en él tanto una representación
del número de planetas como de los metales con
los que éstos mantenían una correspondencia, apela
a la presencia superior, también realizada en
gres blanco, de un disco lunar, en el que el material
cerámico cobra el valor añadido de la plata.
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