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Algunos críticos mantienen que,
a fines de este milenio, seguimos todavía bajo
la influencia del "pop" y que desde esa perspectiva
deberíamos estudiar muchas de las propuestas de
los últimos años. Eduardo Úrculo, aunque podíamos
entrar en matizaciones, ha continuado fiel a esa
estética tanto en su pintura como en su escultura,
en la que se adentró hace más o menos una década.
A partir del comienzo de los años ochenta, en
sus obras hizo acto de presencia un hombre con
sombrero, el mismo artista, que se enfrentaba
a su contexto más íntimo dándonos la espalda (en
una clara referencia irónica a aquellos personajes
del romántico Friedrich que se subían a las montañas
para contemplar, también dándonos la espalda,
la grandeza de la Naturaleza). En ese periodo,
a veces Úrculo sólo nos mostraba alguno de los
objetos de ese personaje, como su chaqueta, su
sillón o su sombrero.
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