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El clasicismo escultórico de González
Blázquez es doblemente deudor de las enseñanzas
de Fernando Chicharro, que fue su profesor en
esta materia, y de una identificación absoluta
con los principios más conservadores de la disciplina.
Incluso en su propia temática, este artista ha
recurrido con frecuencia a los temas más tradicionales
de la representación escultórica figurativa, en
un intento de establecer una secuencia con los
valores que encarnaban aquellas piezas. Ese apego
a la tradición fue el que le llevó a encontrar
en el mármol su material predilecto y el que,
desatendiendo la mayoría de las aportaciones de
las vanguardias históricas, le hizo apostar por
un estilo en el que el férreo dictado del dibujo
le permitiese extraer con virtuosismo todas las
posibilidades volumétricas de la piedra.
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