El bosque de los tótems (1996) El bosque de los tótems (1996)
Agustín Ibarrola
Estación Príncipe Pío, Madrid Ampliación

Cuando Agustín Ibarrola empieza a actuar, en los años ochenta, sobre los pinos de un bosque próximo a su caserío y a trabajar con unas traviesas de ferrocarril desechadas por Renfe no hacía sino profundizar en una de las dimensiones que había estado presente incluso en sus trabajos más comprometidos ideológicamente: la dimensión de lo totémico. Las poderosas imágenes de sus obreros, que cobraron una dimensión simbólica entre los antifranquistas, poseían ya algo de tótem, de símbolo ancestral ligado al mundo de la naturaleza. En sus experiencias en el bosque, Ibarrola desarrolló una investigación espacial y lingüística que perseguía una recuperación de la memoria a través de lo que de ella pervive en la naturaleza. Junto a la referencia a la necesidad de demarcación del territorio en el hombre primitivo, el pino le permitía conjugar, mediante sus intervenciones, el espíritu de la vanguardia y el mundo de la cultura material que se toca y se habita.

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