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A mediados de los años 70, reflexionando
sobre algunos aspectos de la escultura, Juan Bordes
escribía: "El bronce es un material al que con
frecuencia se le niegan sus posibilidades de expresión,
pues corrientemente se explota solamente su durabilidad,
pasándose a este material por el solo pretexto
de evitar la fragilidad. Creo que el bronce habla
de una posibilidad laminar que es en definitiva
una forja de la plancha de cera". Esa preocupación
le condujo a tratar de conciliar dos tensiones
que siempre han estado presentes en su obra: la
que procede de la materia y la que nace de la
voluntad del escultor por vencer la resistencia
que dicha materia le ofrece. De ahí que sus bronces,
como "El Bautista o el Orador" (en la serie a
la que pertenece se producía un juego con la ambigüedad
de los títulos), tengan la sobresaliente capacidad
de mostrarnos el trabajo de un artista que ha
conseguido hacer de dicho material un "velo sutil"
-es una denominación del propio Bordes- que muestra
un sinfín de pliegues de los que parece ausente
el esfuerzo por dominarlos.
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