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En la tensión entre estructuras,
Arimany ha querido encontrar un símbolo de la
tensión que el hombre mantiene con su propio entorno
social. Todas sus piezas, en ese sentido, hablan
de la dicotomía entre inmovilismo y vitalidad,
o entre opresión y libertad, que la persona mantiene
con la sociedad, con su familia o incluso consigo
misma. Los objetos puros y simples le sirven ante
todo para autoanalizarse, aunque sin extraer ninguna
interpretación. Son obras abiertas donde los conceptos
vitales y los materiales se dan cita para conseguir
una dimensión humanista de la obra de arte. En
nuestra obra, dos estructuras rígidas se sostienen,
a la vez que se inmovilizan y se aprisionan, por
lo que de su cruce nace una oposición. Pero también
oprimen y someten a la pequeña estructura de piedra,
que desempeña un papel equilibrador.
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