|
La irrupción de Manolo Paz en
el panorama artístico gallego de los ochenta fue
saludada como una muestra de la recuperación para
la escultura de sus perdidos atributos rituales.
Así las cosas, se quería ver en él un puente tendido
entre una conciencia de lo antropológico (en su
caso, naturalmente, lo celta) y algunas de las
inquietudes propias de la posmodernidad. Esa posición,
que en lo material se centró en el trabajo sobre
granito al modo de los antiguos canteros gallegos,
y en lo conceptual le colocó a igual distancia
de los "minimalistas" y los creadores del "land-art",
se tradujo en la creación de una serie de piezas
primitivas y de apariencia totémica que devenían
en símbolos de unas formas anteriores a la forma.
|