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El
concepto de la identidad de lo asturiano del que
Pepe Noja se vale para su pieza viene conformado
por la alusión geométrica y tripartita a los minerales,
la piedra y los árboles. Así, en su estructura
hay una referencia a lo arbóreo, tanto en el carácter
de tronco de la pieza vertical de bronce -clara
referencia a la minería y a la metalurgia- como
en el sinfín de formas que se despliegan sobre
la piedra, una constante en su abrupto paisaje,
a modo de troncos cortados. Pero, más allá de
esa cita a lo que el artista considera sustantivo,
el interés de la obra reside en el aspecto ornamental
con que se conjugan todos esos elementos, más
propio de la escala de la orfebrería que de la
escultura monumental, en el que no sería nada
descabellado encontrar un eco estilizado de algunos
resultados de la esmaltación del Románico y del
Gótico (La Cruz de la Victoria de la Cámara Santa
de Oviedo, por ejemplo), en los que la irrupción
del bronce cobró una importancia singular para
el abaratamiento de las piezas sin menoscabo alguno
de su excelencia.
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