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Una de las exposiciones más
coherentes de Echevarría, tanto desde el
punto de vista temático como estrictamente
resolutivo, fue la que presentó en la estación
de Santa Justa de Sevilla con el nombre de «Montañas»,
a la que pertenece la presente pieza. El símbolo
que en este caso sobresale superlativamente es
el de la montaña, de entre cuyos múltiples
significados Echevarría opta por aquel
en el que Ania Teillard hizo especial énfasis
en su obra «El simbolismo de los sueños»:
la montaña como elevación interna
o transposición espiritual de la idea de
ascendencia.
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