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En las representaciones clásicas
de Ares, el dios griego de la guerra suele aparecer
investido de coraza, casco, escudo, lanza y espada.
Bien lejos, por tanto, de la desnudez con la que
nos lo muestra García Muela. Desde los
años setenta, este escultor nos fue acostumbrando
a unos volúmenes, de raíz arqueológica
y orgánica, que nos mostraban una cara
bien distinta de los modelos clásicos en
que se inspiraba. En un primer momento, aquellas
sólidas anatomías poseían
una expresividad especial que era fruto de la
rotura y estratificación que García
Muela lograba distribuyendo capas de cera que,
en el momento de la fundición del bronce,
se quebraban, acentuando así el efecto
del paso del tiempo sobre el objeto escultórico.
Pero, posteriormente, y este "Ares"
es un buen ejemplo de ello, el artista procedió
a acentuar el contraste con el modelo clásico
mediante la confrontación de materiales.
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