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La
obra Ametzola de Vicente Larrea sigue una línea
metodológica en la que maneja tanto el
hueco como el bulto invitando a viajar por su
interior. El empleo del bronce en esta obra responde
a su predilección por el metal con objeto
de darle cierta flexibilidad a la escultura.
Concebida como relieve adosado a la pared de uno
de los andenes, dibuja el camino, el movimiento
del ser humano representado alegóricamente
en el escenario de una estación, demostrando
una vez más la relación existente
entre el arte abstracto y los espacios funcionales,
en este caso de carácter urbano.
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