|
A menudo se ha hablado de la escultura
de Xavier Corberó como una obra de difícil clasificación,
en la que sobresaldría el contraste entre el primitivismo
formal y el refinamiento suntuoso de la resolución.
El propio artista, que siempre ha definido el
arte como "una armonía de contrastes", resuelve
"21 de abril y fruto" con dos piezas de mármol
de distintas tonalidades, que son, a la vez, dos
formas diferentes: cilíndrica y esférica. Es más:
como amigo personal de Salvador Dalí, es evidente
que en su pasión por el contraste pervive cierta
influencia del "método paranoico crítico" del
artista de Cadaqués, basado en la obtención crítica
y sistemática de asociaciones e interpretaciones
delirantes. La estilización y depuración de Corberó
cuenta, igualmente, con la sensualidad que proporciona
un depurado pulido, con la que siempre contribuye
a la incitación visual y táctil de sus acabadísimos
objetos.
|